LA SOMBRA
Un día nublado de verano el joven estaba paseando por el patio. Todos se quedaban mirándole de manera extraña. Él no se daba cuenta de lo que pasaba pues estaba distraído. Entonces una mujer se le acercó y le preguntó:
— ¿Estás bien?
— Sí, ¿Por qué lo preguntas? – le respondió él.
— Te noto algo extraño.
El joven no sabía qué quería decir la mujer con aquello pero él siguió con su paseo. Cuando llegó a su casa se miró en el espejo para ver si veía algo extraño, pero no vio nada. A la mañana siguiente le volvieron a preguntar lo mismo.
El joven no le dio importancia pero cuando volvía para casa se lo volvieron a preguntar. Entonces este se empezó a asustar, se miró varias veces en el espejo, fue al médico… pero no encontraba nada. En los próximos días no salió de casa, ni fue al colegio por el miedo que tenía. Un día se decidió a salir a la bulliciosa calle. Allí todos seguían mirando pero él, en vez de ignorarlos, le preguntó a un hombre:
— Perdone, ¿me puede decir qué es lo que ven de extraño en mi?
— ¿No lo ha notado usted? – le contestó.
— No, por eso se lo pregunto – añadió.
— No tiene sombra, eso es lo raro – respondió.
El joven miró hacia el suelo, era cierto, no tenía sombra. Entonces pensó:
— ¿Qué soy para no tener sombra?
Todo se quedó en silencio, aunque el joven, preocupado, intentaba encontrar una respuesta para su problema aquel día nublado.
